Testimonio de un secuestro exprés por oficiales de tránsito en el Estado de México. Una casa de seguridad frente al Ayuntamiento de Cuautitlán Izcalli.

Por Dr. Miguel Ángel Díaz Delgado

IISUE-UNAM

 

Frente las instalaciones del Ayuntamiento de Cuautitlán Izcalli, Estado de México se encuentra un campo de concentración, una mega casa de seguridad para la extorsión y el secuestro exprés en el estacionamiento de las oficinas de tránsito.

Lamento que al contrario de lo tradicional, en este número de la columna “Contratendencia” de testimonio de una afectación que de inicio es personal, pero que adquiere un interés público porque son cientos de ciudadanos quienes han tenido experiencias similares a lo narrado.

El caso que expongo podría interesar a quienes circulan por ahí, a la ciudadanía en general, la administración municipal presidida por Ricardo Núñez Ayala e incluso, al gobierno estatal dirigido por Alfredo del Mazo Maza, además de a otras dependencias nacionales que hoy emprenden cruzadas contra la corrupción. La narración marca los puntos trascendentes del atraco y concluye justificando por qué lo considero un secuestro exprés, además de dos consideraciones finales.

 

Testimonio de los operativos de secuestro exprés

Como muchos ciudadanos, ocasionalmente circulo por el Estado de México para trasladarme hacia otro destino. Iniciadas mis vacaciones y con precaución por la contingencia, salí el lunes 6 de julio de la Ciudad de México cruzando por el Estado, siendo las 10:27 horas y a unos 500 metros antes de la caseta de Tepoztlán se me cerró una patrulla con leyenda de “Mando Único” numerada con el 121-73 de Cuautitlán -tripulada por una oficial mujer y conducida por un hombre- quienes ordenaron orillar mi auto.

En el contexto de la crisis por el COVID-19 las prioridades son otras, reconozco que pasé por alto, que a partir de las 11 de la mañana del lunes es cuando mi auto con placas foráneas terminación en “0” puede circular en la Megalópolis de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), por tanto, estaba cometiendo una infracción (1).

La falta me la hizo notar la oficial que tripulaba la patrulla -mujer de ojos verde profundo, de 1.60m de estatura aproximada, cabello colorado en rubio- quien me dijo que procedían dos opciones, [1] esperar una grúa para que mi auto fuera arrastrado a un corralón o [2] acompañarlos a las oficinas de tránsito municipal, donde se me aplicaría una multa y, en un par de horas podría retomar mi camino; este, a decir de la oficial, era un “procedimiento especial” implementado debido a la contingencia. Elegí la segunda opción y seguí la patrulla al estacionamiento de la dependencia, mis documentos – licencia de conducir y tarjeta de circulación- los recogió ella.

Al llegar a tránsito, el oficial José Ernesto M. -hombre de cabello entrecano de unos 60 años, con bigote pintado en negro- me indicó que me estacionara. Tal como yo, había decenas de conductores, unos que entraban y otros que salían del estacionamiento, ubicado a 40m de la entrada de las oficinas municipales, frente al Ayuntamiento.

Dos oficiales jóvenes auxiliaban a José Ernesto, uno de ellos -moreno, 1.60m de estatura, cabello ondulado oscuro-, se me acercó especificándome el monto a cubrir por la infracción. – “Son diez salarios mínimos, pero medidos en UMA´s (2), o sea que son más de diez mil pesos para que puedas seguir circulando”-, me expresó el primer auxiliar, quien basaba su dicho en un cuadernillo con espiral plástica, que solo me dejó ver por un par de segundos.

Repliqué que debía consultar la información sobre el programa “Hoy no circula”, así que revisé en internet con mi celular y bajo la presión permanente del mismo; por lo que atiné a encontrar el primer website a la mano, en el que se indicaba que la multa rondaba los tres mil pesos[1]; el auxiliar, con voz agresiva respondió que con los gastos de las grúas el costo mínimo era de 5 mil pesos.

Entró en escena el segundo auxiliar -hombre de tez morena clara, cabello lacio café, ojos un poco rasgados-, quien permanentemente se acercaba para asegurarse que me metiera al auto y vigilar qué hacía en mi celular.  A ambos “auxiliares” les solicité me dejaran ir a las oficinas a pagar y ellos, constantemente me lo impidieron, argumentando que estaban cerradas por la pandemia, que si no les pagaba a ellos mi auto sería llevado por la grúa y no lo dejarían salir hasta dos o cuatro días.

Uno de ellos me escoltó al baño en las instalaciones, donde me pude percatar que sí había actividades, aunque reguladas y con muy poco personal. Alegué de nuevo que pagaría la multa en cajas o ahí, si me expedían un ticket oficial que lo acreditara como lo dijo la oficial de la patrulla. Ambos aseguraban que ellos lo me lo entregarían, insistiendo en que el monto era de 5 mil, lo que refuté de nuevo con la nota de internet.

Mientras, los auxiliares me cercaban a las inmediaciones de mi auto, buscaban amedrentarme constantemente y me exigían que lo abordara, no me permitían hablar ni acercarme a otros conductores alrededor.

Cansado, pedí al primer auxiliar que llamara a la grúa para que recogieran mi vehículo, y cuando éste se alejó simulando que lo hacía, el segundo indicó que los corralones estaban cerrados por la pandemia y que sólo procedía hacer la transacción, argumentó que podía llamar a un familiar si no contaba con el dinero para que me depositaran a una cuenta y ellos me acompañarían al banco. Esto sucedió por lo menos en dos ocasiones.

A unos metros, un oficial -aparentemente- de mayor rango, armado -tez clara, cabello cano, 1.58m de estatura aproximada, cerca de los 65 de edad, medianamente calvo- observaba todos los movimientos a cierta distancia donde los demás operaban. Eventualmente, el superior y los auxiliares sondeaban a todos los que nos encontrábamos ahí, desde una camioneta blanca, vidrios polarizados y con dos engomados del Estado de México (MUC3255 y NMR4436) sin ninguna identificación de orden oficial.

 

La situación se tornó violenta

Más tarde, arribó un auto Hyundai blanco[2] con placas de la Cd. de México GWC 3423 se estacionó a unos metros de mí y al bajar de la unidad, el conductor detenido intentó grabar lo que estaba pasando.

Un sujeto bajado de una grúa alertó a los oficiales, – “está tomando video”- y, en cuestión de segundos, todos se abalanzaron contra él amenazándolo; entonces, el oficial de mayor rango corrió desde la camioneta donde vigilaba y lo empujó, amagando con sacar su arma con la mano derecha, mientras, con la izquierda le arrebata el celular, gritándole toda clase de improperios. Una patrulla de policía se aproximó ipso-facto y descendió de ella una oficial, ayudando a los tránsitos y conductores de la grúa a replegar al dueño del Hyundai.

El conductor fue orillado entre dos camiones de carga, por lo que yo no alcanzaba a observar qué sucedía. Cuando quise acercarme a atestiguar, el segundo auxiliar me orilló a mi auto, ordenándome que volviera a subir, poco después el conductor fue retirado y no lo volví a ver; recibí entonces la amenaza del primer auxiliar, “si te pones como ese cabrón, lo mismo te va a pasar”. Decidí mantener la calma y acceder a lo que me pedían, no moverme del auto, no sacar el celular y no llevarles la contraria.

José Ernesto M. regresó del altercado hacia conmigo y exigió agresivamente que ya pagara, pero esta vez pidió una suma más parecida a la consultada por mí, $3500; insistí en que expidiera un comprobante y él aseguró que así sería, por lo que me dio el número de cuenta 2907385986 de BBVA.

Realicé el depósito y en el comprobante apareció el nombre “José Ernesto M.”, supe, hasta entonces su nombre, en la transacción se indicaba que a este le pertenecía la tarjeta con terminación 5986[3], se trataba de una extorsión. Aún con el depósito no me permitieron retirarme durante tres horas, José se apartaba para extorsionar a otros, llamó al banco dos veces para confirmar que podía cobrar y exigió que yo mismo lo llevara en mi auto a la sucursal BBVA a espaldas del lugar[4] para cobrar el monto.

Me vi sin alternativa, ante las amenazas, al atestiguar el uso de la fuerza y la permanente presión de los oficiales, además de que ya había realizado la transacción, accedí a llevar a José Ernesto al banco. A la entrada, logré discretamente fotografiarlo[5]. Tomó unos minutos la consulta y me pidió regresar, en el camino me dijo – “ahora que lleguemos a tránsito, voy a preguntar a mi superior si ya te puedes ir y te voy a dar una clave y tus documentos para que te puedas retirar”-.

Ya en el estacionamiento, José Ernesto M. consultó con el oficial armado, acción que replicó con los tripulantes de la patrulla que me detuvo -que iba pasando por el lugar-, me entregó mis documentos, y obviamente, al contrario de cualquier comprobante, me dio un post-tip amarillo en el que escribió una supuesta clave con letra casi ilegible que parece decir “Delta 17, F-7-20, Fx8” y al final una antefirma[6].

Salí del estacionamiento y llamé al banco para hacer un reporte de la operación, pero se me indicó que el cobro había sido efectuado, por lo que sólo pude levantar un folio de aclaración, – “fue prácticamente, un secuestro exprés, alegué”-.

Al día siguiente, busqué en el website del municipio (3) información para denunciar el secuestro exprés sin encontrar ninguna dependencia para imputaciones a servidores públicos, tampoco alguien contestó el teléfono de atención ciudadana (58642586); de igual forma, en el sitio de internet de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado de México (4) es prácticamente para consultas, no hay manera de transitar en él para denunciar. Indefensión e impunidad total.

 

¿Por qué el acto se trata de un “secuestro exprés”?

Un secuestro extorsivo es considerado un caso donde se sustrae, retiene u oculta a una persona y se pide rescate, entendido este término como precio para su liberación (5); en mi testimonio expongo que no sólo se sacó de circulación a mi vehículo, como lo marca el programa “Hoy no circula”, sino que  [a] se me privó de la libertad, no podía salir del lugar donde me custodiaban los oficiales de tránsito, [b] quienes me exigieron una cantidad económica -sustanciosa pero no impagable- a una cuenta personal, [c] fui llevado al lugar con engaños, [d] hubo una coacción criminal sistemática implicando a un grupo de oficiales y sujetos no identificados, [e] que ejercían violencia psicológica y verbal para apresurar el pago.

Según el criterio expuesto por la Cámara de Diputados (6, pág. 10) la tipología del secuestro al que fui sujeto es un “secuestro exprés”, definición que aplica cuando una  víctima es secuestrada durante un período corto pero suficiente para obtener alguna concesión o ganancia financiera. Es un secuestro de un período corto, con una ganancia rápida, de una o más personas, quienes presionan para realizar extracciones de efectivo de cajeros o solicitan un rescate; los pedidos de rescate son montos pequeños o más fácilmente obtenibles y generan un daño moral y psíquico en las víctimas y su entorno (7).

Los oficiales de tránsito me retuvieron y ocultaron con propósitos de sacar provecho y utilidad de mi retención, cuando confirmaron la transacción me dejaron ir. Me secuestraron por unas horas y me solicitaron dinero para liberarme.

Una acotación. Un trabajador mexicano con $3,500 -19 salarios mínimos- puede pagar dos canastas básicas, medio precio de un celular de gama media, tres pares de tenis de marca y una mensualidad de una casa de interés social. Los agentes de tránsito están secuestrando a centenas de conductores por día y exigen estas cantidades, el dinero no sólo no reportan, ni entran en las arcas estatales; además es un desvío monumental que enriquece oficiales en servicio que conforman grupos criminales. Todo, en medio de una eminente crisis económica por la pandemia.

Lo más inverosímil es que “la casa de seguridad” para los secuestros exprés, este mega campo de concentración para extorsionar conductores es el estacionamiento de las instalaciones de tránsito municipal, enfrente del sitio de atención del presidente de Cuautitlán Izcalli, cruzando apenas la avenida Constitución[7]. Si el representante máximo del municipio no lo sospecha -lo cual resulta igualmente inverosímil- se estará dando cuenta con esta nota, ya que denunciar es imposible, si no hace nada al respecto, entonces será cómplice de los mismos.

El gobierno del Estado de México también debe intervenir, es una oportunidad de solucionar uno de los miles de casos que alimentan la percepción de que esta es una entidad altamente proclive a la corrupción, como lo dice la “frecuencia de corrupción en los estados” (8).

Para cerrar mi testimonio y continuar con un par de consideraciones, debo señalar que hago responsables a los involucrados en el caso de cualquier represalia en mi contra y del uso indebido de mis documentos, además de que entiendo que aún puedo proceder por vías legales, sabiendo que cada sujeto implicado es reconocible en un careo e identificable con los particulares que proporcioné, por sus horarios y bitácoras de trabajo en las corporaciones.

 

Oficiales del Estado de México, no aprenden nada

Casos parecidos a mi testimonio son cotidianos. A mí mismo, hace dos meses, en Naucalpan una patrulla me detuvo y al no poder acreditar una falta, me preguntaron – “¿quieres amigos o enemigos”- y básicamente me asaltaron, quitándome $500 pesos, el viernes 10 de julio se reportó un presunto asesinato de un transportista a manos de policías en Ecatepec (9) y en febrero un reportaje periodístico dio cuenta de la colusión de los cuerpos policiales de la entidad con el crimen (10), si se indaga a profundidad los casos serían incontables. El testimonio que expresé no es una anécdota aislada o eminentemente personal.

Agentes de tránsito y policías del Estado de México aprovechan el poder que se les confiere para extorsionar, robar y secuestrar, y lo desarrollan con mayor organización en medio de una crisis económica que ya se siente socialmente.

No se espera que por sí solos, los oficiales o sus mandos aprendan nada o cambien. En el contexto global y nacional se presenta una tensión frecuente entre autoridades policiales y la población; sin embargo, estas corporaciones parecen no darse por enterados de los conflictos de gran escala como el de George Floyd (11) en Estados Unidos y el de Giovanni López en Jalisco (12), donde el abuso policial tuvo funestas consecuencias hacia los involucrados y, además desataron en EE. UU. y México fuertes protestas contra las corporaciones policiacas (13 y 14).

Hasta que se impongan castigos ejemplares, estas corporaciones tampoco se permearán de la reprobación ciudadana de autoridades que corrompen las instituciones; casos como el Emilio Lozoya (15) o César Duarte (16), pertenecientes a los grandes escenarios de la política deben ser replicados a funcionarios públicos que en el contexto de lo cotidiano se organizan para delinquir, abusan del poder conferido por la ciudadanía y se enriquecen ilícitamente en total impunidad.

[1] Fotografía 1. Nota periodística consultada. Se observa que el costo total por gastos de recuperación de vehículo en el “hoy no circula” es de máximo $3,700 pesos

[2] Fotografía 2. Auto Hyundai en el estacionamiento de tránsito, momentos antes del altercado de los oficiales con el conductor.

[3] Fotografía 3. Comprobante de transacción bancaria vía banca móvil. Se identifica a José Ernesto M. como titular de la cuenta.

[4] Fotografía 4. Ubicación de la sucursal del Banco BBVA cercana a las oficinas de tránsito municipal, a donde fui conducido por el oficial.

[5] Fotografía 5. Oficial José Ernesto M. consultado a la entrada del banco, previo a consultar con los ejecutivos si podía disponer del efectivo de la extorsión.

[6] Fotografía 6. Post-tip con la clave proporcionada por el oficial de tránsito.

[7] Ubicación de las oficinas de tránsito, usada por oficiales como casa de seguridad de secuestro exprés frente al Ayuntamiento municipal de Cuautitlán Izcalli.

 

Contratendencia.

Crítica y desmitificación socioeducativa 

Columna quincenal de análisis de la tendencia social y educativa global, expresa de manera ágil y con referencias manifiestas. Todo el público interesado puede acceder a ella, principalmente profesionales estudiantes e interesados en temas de Educación, Ciencias Sociales, Humanidades y Psicología. Se publica los lunes en el diario “Crónica Guanajuato”.

 

Biografía

Dr. Miguel Angel Díaz Delgado

Investigador del Instituto de Investigaciones Sobre la Universidad y la Educación (IISUE) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus líneas de investigación son el “liderazgo educativo”, la “formación de directores escolares” y la “educación internacional comparada”, ha publicado artículos académicos en revistas internacionales indexadas y los libros “Modelos de investigación en liderazgo educativo, una revisión internacional” y “Formación de directores escolares, comparación de programas internacionales en el contexto de la gestión”. El Dr. Díaz ha impartido conferencias en universidades e instituciones de Australia, Canadá, Estados Unidos, Guatemala, Costa Rica y en todo México, actualmente es profesor de la Licenciatura en Pedagogía de la UNAM.